Una noche de puro sudor

El compadre Santos Luzardo nos estremece con este relato bastante caluroso

Alicia Rihko
Ilustración Alicia Rihko

Hacía calor. Una noche en las que no se mueve ni una hoja y el cuerpo suda casi sin moverlo. Ella me dijo que quería salir, tomarse algo, ventilarse.

Así que fuimos en auto hasta un barcito con ambiente de playa, no muy lejos de la casa en la que estábamos parando. Techos de palma, sin paredes, solo tenía dos ventiladores de aspas en el techo. Tomamos una mesa apartada y ordenamos dos cervezas.

Ella, llevaba puesto un vestido blanco, corto, de una tela que caía sobre las curvas de sus caderas. No tenía sostén y usaba un bikini negro, de esos que se amarran por los lados. Bebimos una, dos o tres cervezas antes de irnos a bailar. Siempre que bailamos salsa nos pegamos mucho, pero esta vez ella estaba especialmente cerca. Me frotaba con suavidad, se movía como serpiente, me respiraba el cuello.

Después de bailar 4 ó 5 canciones, volvimos a la mesa, y colocamos las sillas una al lado de la otra. Hablamos de cualquier cosa, nos reíamos, estábamos disfrutando del momento, incluso del calor. Mientras conversábamos nos tocábamos las piernas, las manos,las rodillas, yo sus muslos, buscando la entrepierna. Entonces me pidió un beso grande. Y nos comimos las bocas. Ella, tenía la iniciativa, me colocaba las manos, se encimaba y hasta me agarró el guevo, lo apretó y sentí como se puso durísimo de inmediato, algo que le gustó ya que percibí su sonrisa mientras me besaba.

«Paga y nos vamos», me dijo al oído. Como pude me acomodé el guevo, porque se notaba mucho en el pantalón y fui a pagar.

Caminamos al estacionamiento tomados de la mano, sonriendo y agitados. Una vez dentro del carro seguimos besándonos y metiéndonos mano por todas partes. Ella estaba súper mojada, de eso me dí cuenta cuando deslicé un dedo debajo de su vestido. Un dedo que luego me chupé, porque he descubierto una fascinación por sus jugos vaginales.

Ella se sentó encima de mi, en el asiento delantero. Me besaba como si no hubiese mañana y yo le apretaba las nalgas, la apretaba contra mi.

«Quiero que me lo metas»,volvió a hablarme al oído, «pero no quiero ir a un hotel».

Manejé lo más rápido que pude hasta al estacionamiento de la casa donde nos hospedábamos. El estacionamiento es un cuartito con una puerta de madera que sube y baja. Al cerrarse la puerta detrás de nosotros, quedamos a oscuras dentro del vehículo…

Ella sudaba aún, el vestido se pegaba de su cuerpo. Sin decir nada se pasó al asiento trasero, se tendió, levanto el vestido por encima de su cintura y comenzó a masturbarse para que la mirara, me gusta verla y a ella que la mire…

La contemplé unos minutos, luego también me pasé al asiento trasero, me ubiqué en medio de sus piernas, aparté el bikini con la punta de los dedos y me dispuse a comerle la qk.

Cada vez que lo hago me gusta observar como varían los movimientos de su cuerpo. Comienza relajada, luego se tensa un poco, estira la punta de los pies. A medida que mi lengua la recorre, sus caderas comienzan a moverse, a ondular, la piel se le eriza y por último, pone sus manos en mi cabeza y me aprieta contra su clítoris. Segundos después acaba en mi boca. Y yo, me bebo los jugos de su qk, siempre.

Recuerdo que una vez leí (sin querer) una conversación que tenía con una amiga sobre nuestras cogidas. Ella confesaba que, no sabía porqué, pero conmigo era de orgasmo fácil, y que descubrió que le causa una excitación inexplicable que yo le quite las pantaletas….

Después de acabar me gritó que se lo metiera sin más demoras, quería extender ese primer orgasmo.

Se lo metí como pude, apartando su bikini a un ladito. Entonces se vino por segunda vez casi de inmediato. Le terminé de sacar el vestido, luego el bikini, y ella se puso de rodillas en el asiento, mirando hacia la parte trasera del vehículo. Yo me coloqué por detrás. A ella le gusta que le penetre la qk estando en su espalda… Yo, entraba y salía, besándole el cuello, apretándole las tetas. Le lamía el sudor de la espalda, nos lamimos. Ella me agarraba de la cabeza, de mis cabellos… y me pedía que le hablara al oído. Le dije que estaba loco por su qk desde la primera vez que cogimos, que me gusta como tiene la medida exacta de mi guevo y que es el mejor polvo que he tenido en mi vida. Ella respondió que nunca nadie le había mamado la qk como yo se la mamo y que eso la hace adicta a mi lengua.

Acabó una tercera vez. Me pidió que me acostara y me empezó a mamar el guevo… pero nunca se aguanta mucho y en pocos segundos se sentó encima. Se inclinó un poco me tomó por el cuello y mirándome a los ojos me dijo: quiero que me llenes la qk de leche.

Esas palabras siempre me han hecho explotar desde que cogimos la primera vez. Ella lo sabe, sabe que tiene ese poder sobre mí. Así que comencé a moverme despacio, luego más deprisa hasta que explotamos juntos. Yo gemía, mi guevo la bañaba de leche y ella abrió la boca encima de la mía, como tragándose toda la energía de mi explosión.

Nos quedamos en el carro, sudados y acariciándonos un rato, antes de entrar a casa.

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