Los Orígenes | Tierra y Mujer

El cuerpo siempre ha sido un espacio de otros, un espacio para profanar, hurgar, violar y despojar.

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Trabajo Fotográfico Las Hijas del Agua

"El “otro oro” fueron los cuerpos"

Abel Posse
12 Oct. 2019 ¿A las Iras matáis? ¿A las Mujeres Matarás? Le preguntaron los nativos que habitaron las costas de la hoy Panamá a los invasores y conquistadores de estas tierras.
 
Sus repugnantes pies tocaron la arena y cada uno se miraba con aires de vencedores. Ese día la espuma de la mar fue testigo de aquellos hombres que en nombre de la espada y la lujuria cristiana sometieron a las mujeres que mostraban sus pechos y en su piel dorada colgaban esferas blancas que brillaban y destellaban a la luz del sol donde los nauseabundos fijaron los ojos.
 
Aquellas pequeñas pepitas sus nativos la conocían con el nombre de Terarequi como gotas de rocío cuajado, lágrimas de la aurora perdidas en el fondo del mar. Las perlas del Caribe. (1)
 
En voz del Reinado de las Perlas saquearon sus cuerpos y sus territorios. Todavía se puede escuchar los llantos de las nativas al ser violadas, al esperar que sus hijos e hijas salieran del mar en la noche o en el día con las lágrimas de la aurora (perlas) para que el execrable conquistador viajara cuatrocientas leguas y las vendieran en las cortes europeas, a los joyeros alemanes e italianos, las perlas pero sobre todo para que la moribunda España “volviera a ser España” (2) ya que según la tradición de los Imperios, como de los Emperadores, es común que luego de una conquista se entrará triunfante coronados de perlas. Un ejemplo es como Pompeyo en Roma entró a la ciudad bañado de joyas de la isla de las perlas (Terarequi).

Los codiciosos del “Mar de Cortés” comenzaron a padecer de la fiebre de las perlas

En ese entonces las majas de la nobleza ansiaban besar una perla del llamado “Mar de Cortés” (mar Bermejo) también llamado “La Reina de las Gemas, Gemas de las Reinas” donde se halló la reliquia preciada y codiciada por todos la MadrePerla o la Perla de la Paz. Se cuenta que la gema pesó 52 quilates y era del tamaño de un limón. Sus avaros adquisidores se la entregaron al Rey Jorge IV, quien se la colocó el día de su coronación. La hermosa perla pasó a manos de la Corona de España y siglos después a la Corona de Inglaterra. Los codiciosos del “Mar de Cortés” comenzaron a padecer de la fiebre de las perlas, alucinaban con volver a encontrar nuevamente una MadrePerla con ese fin obligaban a sumergir a los nativos quienes debían deshojar cada concha marina. (3)

La ciudad del olvido

Fue así como una pequeña isla en el Mar Caribe fue comida para los cerdos, y así se construyó el primer asentamiento en forma de damero. A la vista de los ojos de los conquistadores llenos de avaricia ya no les bastaba con violar a las mujeres, ahogar nativos con la extracción de las perlas ahora querían fundar, hacer un tumor, un hijo mal parido. Fue así cómo llamó el conquistador a su nido la ciudad de Nueva Cádiz, un poblado que se hizo apunta de picapedreros del Rey Carlos V.
 
Se menciona que la extracción de perlas fue tan ostentosa que se equiparaba a los suministros de oro en Perú; según se cuenta en los males de las crónicas, ya en 1525 se había extraído 200.000 pesos de oro en perlas esa fue la razón por la cual trajeron nativos de otras islas para excavar, ultrajar la mar y la tierra (4). Cuenta Bartholomé de las Casas que los conquistadores se presentaban amistosos y se ganaban la confianza de los nativos, luego les decían que iban a vivir allí y los nativos accedían, sin saber lo que venía después.

A los nativos que eran cazados los marcaban con un hierro a fuego candente en la frente

La trata de humanos “indios” en la colonia se iniciaba dentro de una casa. Los cerdos les tendían una trampa a los nativos, quienes los hacían llamar a entrar a la casa. Una buena conversa aligeraba el ambiente, mientras los otros vigilaban en las afueras. Ya adentro los golpeaban, amarraban y se los repartían a diestra y siniestra para luego salir en sus barcos (5); a tales actuaciones y por ser como eran aquellos hombres blancos se les conocían con el nombre de los Yares, “Los demonios”, así lo mencionaban los nativos de las costas de la hoy Colombia.
 
A los nativos que eran cazados los marcaban con un hierro a fuego candente en la frente, cuello o en el brazo la letra “C” (6). Esclavos de Cubagua a quienes les estallaban los pulmones en las jornadas o se les veía llegar a la superficie con la nariz tupida de sangre y muriendo cruelmente en las barricadas secretas quienes ocultaban los llamados Señores de las Canoas, dueños de nativos.
 
Los cerdos no se conformaron con ver morir a centenares de nativos, así que con el tiempo  recurrieron a los barcos de negreros y los hermanos africanos tuvieron que hacer el sucio trabajo; pero esta vez el conquistador les obligaba a colocar algodón en la nariz y en los oídos además de una esponja con aceite en la boca con la finalidad que no se reventaran y pudieran sacar más perlas que los nativos.
 
Las imperiosas cadenas de la economía de los Señores de las Canoas como se conocían por la población aborigen, les adjudicaron y definieron tal abuso, el saqueo de explotación de perlas y humanos, “Sistema de Rescate”. Aquellos provenientes del “primer mundo” (como se hacían llamar) realizaban trueque de jornadas laborales baratas y comercio de esclavos indios o africanos; esta mala práctica fue penetrando hasta volverse el ejercicio del infierno, la base de la economía oficial.

La profanación de los cuerpos de las nativas

Se conoce que en los dos primeros viajes de Colón, estaba prohibido el viaje de mujeres blancas a las nuevas tierras, al menos que estuvieran casadas y acompañadas por su marido. Se cuenta que las pocas mujeres blancas que llegaron, tiempo después murieron al no estar acostumbradas al largo viaje (7).
 
En un tiempo lleno de violadores y de represión sexual las nativas fueron punto a atacar. Meses de viajes, sin ver cuerpos de mujeres, represión, avaricia fueron una parte causante del ultraje que tuvieron que pagar nuestras nativas. Así se fue haciendo reputación el macho ibérico, quienes al ver aquellas nativas desnudas con sus tetas acariciadas con el aire tropical, no iban a frenar al hambriento.
 
Según las crónicas una de las primeras guerras entre nativos y colonizadores se dio por el robo y la violación de nativas de la comunidad de los Tainos.
 
El maldito Miguel de Cuneo amigo íntimo de Colón narró en su segunda expedición como azotó a una nativa que llevó obligada a su camarote y donde la nativa le enterró las uñas al defenderse de su deprobable deseo y como después de la tunda de golpees se convirtió en su ramera (8).
 
Existen manuscritos ubicado en Madrid donde solo un soldado español llegó “A tener 30 hijos con mujeres nativas en solo en tres años”
 
A mitad de 1500, ya la fogosa Nueva Cádiz se le conocía por ser una sociedad mal trecha, llena de crueldad y de lujuria. Aunque hay que hurgar lo suficiente en la historia sobre la isla, para hallar sobre los ultrajes a los cuerpos de las mujeres nativas o africanas, no solo se violaban, sino que también se designaba por lo general a una mujer nativa o africana el mal de ser “esclavas mozas”, quienes servían a los amos en cualquier en lo que él demandara, pero sobre todo satisfacían la violencia de los hombres blancos.
 
Al ser común esta práctica no quedó de otra que a la Real Corona dar aprobación las Casas de la Mujeres Públicas (9) que en años después veremos. No les quedó de otra a las esclavas quienes se ubicaban en la estructura o extracto social más bajo en la colonia que formar parte de las plusvalía sexual étnica (10).
 
No sólo para defender a las mujeres «honradas» de un posible extravío, sino para cerrar la puerta al homosexualismo, se toleró en España la prostitución. Así ocurrió en Aragón en el siglo XV… La prostitución propiamente tal de las indias bajo la dominación española fue restringida, por la facilidad que había de disponer de cualquier mujer al antojo”  (Patiño, 1912-2001)
 
Fue así como no supusimos reconocer quién domina quién, fue así como sabemos de tan anheladas riquezas hay en estos territorios. Es la maldición que tenemos que arrastrar aquellos que nacimos en estas costas, en estas tierras siglos de extracción de riquezas y que hoy por hoy sigue vigente.
Referencias: 
 
1 La ambición de las Perlas por el Viejo Mundo construyó una moda en la realeza, pueden leer Obra Literaria Las Perlas de Bécquer.
 
2 Europa y España en el Momento de la Conquista de América. Langebaek Rueda, carl Henrik y Melo, Jorge Orlando: Historia de Colombia: El Establecimiento de la Dominación Española.
 
3 Sobre la fiebre de las perlas en México pueden leer Historia generales de España y América, Volumen 9. Suárez, Luis. Ebook.
 
 
5 Bartholomé de las Casas Brevisima relación de la destrucción de las Indias. cervantesvirtual.com/…/brevisima-relacion-de-la-destruccion-de-las-indias/
 
 
7 y 8 Sobre el tema pueden leer El sexo en la conquista de América. historiadelnuevomundo.com/index.php/2015/10/el-sexo-en-la-conquista-de-america/
 
9 Patiño Victor. Historia de la cultura material en la América equinoccial: Vida erótica y costumbres higiénicas Tomo 7, cap 18.
 
10 Pueden leer a Pineda, Esther en Esclavitud, colonialismo y racismo discursivo en América Latina revista.religacion.com/assets/12_pineda_colonialismo_racismo.pdf
 
Otras fuentes para leer:
 
 
LOS ÚLTIMOS ESCLAVOS INDÍGENAS EN LA PESQUERÍA DE PERLAS DEL RÍO DE LA HACHA: LA PROVISIÓN DE FELIPE II PARA SU LIBERACIÓN (1567)
 
 
 
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Soy La Roja la que menstrua, mi fusil son mis letras en momentos de crisis social me declaro en rebeldía porque si no puedo bailar, no quiero estar en su revolución. Vivo viviendo, luchadora inagotable, socorrista, pirata de la red, madre insumisa, con mi puño en alto por las desigualdades sociales y en exterminio del planeta, en favor por el derecho y la educación sexual alternativa.

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