La Mejor Video Llamada

He sido muy precavida con quien comparto mi intimidad, pero este muchacho se llevó el premio gordo en llevarme a este extremo

Hélène Boutanos
Ilustración Hélène Boutanos

Hace poco me ocurrió algo que nunca me había pasado. Que nunca tampoco me lo había imaginado. Les cuento. 

Llevo rato hablando con un chamo. En principio no nos conocíamos, pero empezamos hablar y no sé de qué forma tan loca terminamos enviándonos nude ¡OH POR DIOS! Solo sé que es abogado, hace cerámicas muy hermosas, tiene 33 años, ah, y pronto se va del país, nada nuevo.

Fue muy rápido lo acelerado de nuestra conducta erótica, entre ambos, y por eso esto de los nudes y las conversaciones calientes-pasivas se fueron transformando de una manera descarada y excitante.  Sobre todo, porque probé como especie de dinámica para enviárselos, era la primera vez que lo hacía con una persona que no era de mi entera confianza, que no conocía, a los otros hasta con una sonrisa les envió el nude, pero bueno, son otros niveles de mucha confianza. Entonces, arrancamos enviándonos fotos sensuales, sencillas, que no muestran mucho, pero sí que hay buen material (modestia aparte, pero Uds. saben, el perreo hacia abajo y la autoestima para arriba) Nunca mostrando la cara, uno no sabe si es un loquillo, eso sí, loca, pero precavida.

Le enviaba la foto y esperaba cinco segundos que la viera y le daba eliminar para todos, así ninguno de los dos nos quedamos con fotos de ninguno (al menos que sí, deben pensar, capturar la pantalla, pero bueno, yo por lo menos nunca lo hice)   Sé que hay muchas chicas que esto de enviar nudes les parece un riesgo, y si, totalmente lo es, siempre hay que tener cuidado a quien se le manda, y siempre y cuando uno quiera, nunca que te obliguen a pasar una foto si tu no quieres, y menos ver un huevo sino lo has pedido o no se da el momento. En fin, luego de mi reflexión evangélico-feminista procedo con mi cuento.

Ilustración | Hélène Boutanos

Un día nos conocimos, pero era un espacio formal donde no podíamos intercambiar mucho, sino simplemente conocernos frente a frente, y comprobar que las mil y un fotos que había visto en sus redes sociales después de tres mil stalkeos eran ciertas. Para mi sorpresa y mi maldición las fotos se quedaban cortas: era malditamente hermoso. Así que el deseo y el morbo se fueron a tres mil. Me lo quería coger justo en ese preciso momento. Pero no, no se podía.  

Luego de nuestro encuentro tuvimos una de esas conversas informales, nuevamente, por nuestro hotel virtual el WhatsApp , y  me dice repentinamente: Ese día olías malditamente rico, te quería pasar la lengua por la cara. En dos segundos ya estaba mojada, y entre muchas palabras nos descargamos en uno por el otro. Mientras yo pensaba que me sentía orgullosa que la última gota de perfume que me quedaba se le había dado un excelente uso, me había ayudado a lograr mi objetivo. Ya no tendré perfume, pero si a alguien que mi quiere pasar la lengua por la cara.

Ilustración Hélène Boutanos

Al día siguiente me escribe repentinamente, diciendo:

Él: – ¿Éstas solas?

Yo: – Si

Él: – ¿Puedes hablar?

Yo: – Si

Él: – ¿Te puedo hacer una vídeo llamada? Quiero que me veas mientras me masturbo por ti.

Pensé tantas cosas, en decirle que no, en que no estaba apta físicamente, no sé, los nervios le atacan a uno, y más porque siempre en esas situaciones la otra persona te pide algo reciproco, y en ese momento no quería ser nada recíproca, pero bueno, sigamos.

Yo: Si (si pensaban que iba a decir que no, están equivocades jejeje)

Me meto corriendo al cuarto, pero nada, la señal se cae, salgo corriendo de nuevo a la sala y me tiro en el mueble dignamente y contesto. Se abre la llamada, primer plano, un cuerpazo hermosísimo, un abdomen súper definido, divino, estaba completamente desnudo, creo que en su baño, pero yo no miraba nada a  su alrededor, solo  veía  su cuerpo, ni siquiera su cara, «el  torturador», así se va a llamar este personaje.

Comienza a bajar la cámara lentamente para mostrar en un plano abierto un inmenso pene mientras se masturbaba, yo perpleja,  la única respuesta instintiva que tenía era chuparme el dedo,  era una forma de drenar las ganas  con todo lo que veía. Se pegaba la cámara frente a su miembro inmenso, erecto, hasta que acabo, así de rico, frente a mí. La pantalla se fue a negro, tranco la llamada.  Mientras yo, súper mega mojada, decía: Maaaallditoooo!!!!!

Fue el mejor vídeo mañana de mi vida.

Gracias Internet.

Veremos qué pasa.

Ilustración Andrea Loba
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Somos un grupo de amigas, parias y rebeldes. Nos dimos cuenta que la brujería y los movimientos paganos comunicacionales son lo nuestro. Aún pateando calle y con un poco de paciencia, nos adentramos en el mundo cibernético. Ladramos, mordemos y cuando llega el momento nos ponemos el monóculo. Maestras en el arte comunicacional y politólogas, aferradas a la loca idea de cambiar al mundo con un poco de humor.

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