Crónica Guarra | ¿Dónde está el condón?

En esa exacerbación de mis más íntimos deseos, ocurrió de todo en una semana

Ilustración: Frida Castelli
Ilustración: Frida Castelli
Fue el año de cierta forma de “la putería”, así me catalogué meses después. “Putería” desde la visión de la gente conservadora y desde la posición que obvio yo era mujer y mi comportamiento sexual no se basaba o correspondía a lo que mucha gente tiene en mente o predica.
 
Eran las 6:00 pm, salgo del callejón de la puñalada, donde nos encontrábamos de forma infraganti, sentados en la esquina más tapada por la pared con mi amante número Uno. En realidad yo era la amante, él era casado con dos décadas de matrimonio encima, y yo representaba su escape de aquella jugosa y tormentosa letanía que él vivía. Eran nuestras primeras dos cervezas en un lugar público, solos los dos, ocultos de la luna y sol. Menos mal que aceptaban tarjeta de crédito, ya que el 85% por ciento del monto de la cuenta lo tuve que pagar yo, con la promesa de que el me lo pagara luego y me dijo :
-Ojalá pudiéramos estar así en otro momento y salir de aquí e irnos juntos para un hotel, lástima que esta tipa me está esperando, ojala algún día lo podamos hacer.
 
-Claro, lastima.

Salimos y nos acompañamos a la estación del metro de Plaza de Venezuela, con la distancia que solo dos amantes pueden tener, caminado distantes pero juntos en el pensamiento. Nos despedimos con un beso fugaz y escondido de la rareza del mundo que transita por la estación de Plaza Venezuela frente a Pima Cotton :

– Chao, no me escribas más, te escribo el lunes a primera hora cuando salga para el trabajo, cuídate, pendiente por ahí. Me gustó mucho estar aquí contigo, Chao.
 
Mi amante Número Uno se va. Es allí cuando levanto mi teléfono y mi amante Número Dos dice,
 
– Llego en 10 minutos, nos vemos cerca de Pima Cotton,
 
– Si va, ya estoy aquí.
Nos fuimos a un apartamento que yo había cuadrado, era mi point de tiradera literalmente, a todos mis “culos” me los había llevado para allá, con la promesa tácita en su inconsciente que eran los únicos que habían ido para aquel lugar, era la forma de que se sintieran importante y únicos, los hombres son así. Hay que darles comida a su ego.
 
Llegamos al point, destapamos la botella, comimos algo y empezó la acción, mucha acción. Tirar con este pana era algo entre nuevo, divertido, placentero y raro. Casi no acababa, él atribuía su especie de don a sus prácticas de meditación y sexo tántrico, para mí era algo medio frustrante, que empeño de las mujeres en el fondo sentir que si un hombre no acaba no estamos haciendo las vainas bien, aunque no los queramos y quizás no lo vemos así en el fondo lo sentimos de esa manera.
 
También se sumaba a anteriores ocasiones me había manifestado que no era muy bueno en el coito, ósea, no se movía bien, y era cierto, por eso había aprendido otras técnicas a lo largos de sus 36 años para complacer a una mujer. Con los dedos y la boca era muy bueno. Sin embargo, obviamente hubo penetración y varias, fue toda una larga noche de patada y Kung Fu.
 
Teníamos tres preservativos los cuales utilizamos todos.
 
Al día siguiente recogimos el desastre del placer que habíamos dejado por todo el lugar, él me dice:
– Falta un preservativo y no lo encuentro.
 
Comenzamos a buscar por todo el lugar y nada, yo le digo:
 
– Debe aparecer por ahí después, es como raro, ya buscamos por debajo de la cama, del closet, todo y nada. Tranquilo, vámonos.
Ilustración: Frida Castelli
Nos despedidos esa mañana de aquel sábado con un hermoso desayuno de empanadas fritas y jugo de parchita, era una despedida perfecta. Luego mi fin de semana transcurrió con un dolor “cuquial” de tanto como dirían por ahí, muy vulgarmente, de llevar pipi, mi ex novio decía de llevar más huevo que sartén de pobre. Así era mi situación ese fin de semana.
 
El lunes me levanto ansiosa espero mi respectivo “Buenos días, ¿cómo estás?” de mi amante Número Uno, que desde el viernes no sabía nada de él por obvias razones. Ese día, él, tenía un hueco libre, así que me paso buscando y nos fuimos nuevamente para el point del amor, donde mis amantes se creían únicos en mi vida.
 
Aquel día, ese hombre estaba repotenciado. Tenía un pene grande y gordo, y este a diferencia del otro si se sabía mover y muy bien. Así que como dicen por ahí “ponte que te toca”, no podía develar mi dolor cuquial, porque él descubriría que así como yo era su amante él también era el mío.
 
Luego del revolcón selvático, recordamos juntos una escena en la que él me metía los dedos de forma muy rica y placentera y me masturbaba mientras yo llegaba a cada rato. Conversamos sobre si él había sentido algo raro en mi conducto vaginal, ya que yo estaba utilizando un anticonceptivo que era un aro vaginal y quería saber si lo había sentido. Él me dice:
– Si, sentí algo plástico, pero normal, era el anticonceptivo.
Pasan los días cuando de repente comienzo a sentir un olor muy extraño y fétido que provenía de mi zona vaginal, era raro. Además ya habían pasado varios días de mis encuentros sexuales. Estoy en mi cuarto, me huelo y era un olor de descomposición, voy al baño para ver que es, e introduzco lo dedos en mi vagina para oler y tocar, apenas saco los dedos se viene conmigo algo blanco, con olor muy fuerte de pudrición, cuando reviso era el condón que no había conseguido aquel viernes junto con mi amante Números Dos, el condón no se había quedado en la casa, sino al contrario se había quedado dentro de mí y eso que ese día me revise a ver si estaba dentro porque anteriormente me había ocurrido, y tampoco salió cuando mi amante Número Uno me masturbaba con su mano de forma enérgica y potente. ¿Se imaginan que mientras te estén masturbando tu pareja te encuentre el condón lleno de leche de otro tipo adentro? ¡¡¡¡ Diox!!!!, no sé qué hubiese hecho, no había ningún tipo de excusa para un momento así.
 
En fin. Me saque el condón, notoriamente muy asustada aquel condón que jugaba al escondido dentro de mí, era blanco y con un olor muy fuerte. De inmediato, voy a la cocina y busco agua con vinagre para lavarme, para desinfectarme cualquier cosa dentro de mí, no sé si era bueno o no, pero mi mamá todo lo referente a totonita lo curaba así.
 
No dejaba de pensar que aquel lunes mientras me masturbaban me hubiesen sacado el condón lleno de leche de otro tipo.
Por eso, utilizar condones grandes en penes chiquitos no es buena idea, ni tampoco tener una aspiradora en la cuca.
 
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Somos un grupo de amigas, parias y rebeldes. Nos dimos cuenta que la brujería y los movimientos paganos comunicacionales son lo nuestro. Aún pateando calle y con un poco de paciencia, nos adentramos en el mundo cibernético. Ladramos, mordemos y cuando llega el momento nos ponemos el monóculo. Maestras en el arte comunicacional y politólogas, aferradas a la loca idea de cambiar al mundo con un poco de humor.

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